El Bolson….

Desde Natales nos contactamos con la familia Krämer y 1700 kilómetros después…. llegamos al El Bolsón. (largo viaje)

La María y Francisco Krämer son los padres del esposo de la hija del primo de un amigo de la Doménica. Así de complejas son las redes de amistades que se van formando en la vida, ojo que Facebook no participó en ninguna de estas conexiones, algo que me emociona y a la vez me asusta…. bueno este un tema para hablarlo en otro momento, continuemos con la historia.

Granja Krämer
Granja Krämer

La familia Krámer llegó a la Patagonia Argentina hace más de 30 años y como lo demuestran los hechos se establecieron ahí, en ese rincón llamado Mallín Ahogado a 25 km de El Bolsón y es lógico darles la razón, esta zona de la Patagonia fácilmente te puede atrapar y cautivar con su hermosura. Ellos tienen una granja orgánica, donde intentan ser totalmente auto sustentables.  Tienen su huerta, su invernadero, sus gallinas, vacas, caballos y muchas cosas más…. es una pequeña comunidad familiar.

La María y el Francisco tienen 5 hijos. Joschka el mayor, es carpintero, está casado con Carolina, una española que igualmente fue atrapada por el Mallín ;), ellos a su vez son los padres de Sara una pequeña muy sociable de tres años. Milosch el segundo, construye casas, techos y escaleras en madera, está casado con Clara (la hija del primo del amigo de la Doménica), una alemana que vino hacer voluntariado y bueno también se quedó, ellos son padres de Leander y Laila, de cuatro y un año respectivamente. Joshep el tercero de los hijos se dedica a instalaciones de agua y de calefacción. A los dos hijos menores no tuvimos el placer de conocerlos, se encontraban fuera de Argentina.

Los tres hijos que conocimos tienen sus respectivas parcelas, donde van creando sus proyectos personales. Han tenido la suerte de poder comprar parcelas colindantes con la parcela de sus padres.

La Doménica y yo nos quedamos a lo del Milosch y la Clara :). Ellos nos recibieron en un cuartito para huéspedes que tienen cerca de su casa. Desde un principio nos dijeron que el Internet no iba muy bien en su granja, pero que se podía bajar al pueblo en la mañana y subir en la tarde en el único bus que pasa por la zona del Mallín. Bueno, qué tan largo puede ser un viaje de 25 km en bus? me dije yo. No contaba con la dinámica del bus, una dinámica de lo más interesante, paradas en cada entrada a las parcelas que dan al camino, todos los ocupantes del servicio saludan muy cordialmente con el chofer del bus y pagan su pasaje, el chofer muy cortés contesta por el nombre el saludo y pregunta sobre diferentes tópicos con cada uno de los pasajeros mientras prepara el cambio, y claro ellos vuelven a comentar sobre el tópico en cuestión, reciben el cambio y pasan a sentarse no sin antes saludar con el resto de ocupantes . Si a todo esto le agregamos que el camino es de tierra y claro no permite ir muy rápido a un vehículo tan largo. Todo esto nos da como resultado un viaje fascinante en un bus muy particular, para ser sincero me encantó toda la dinámica del bus, casi que la misma gente que baja a El Bolsón en la mañana, sube en la tarde al Mallín. Es un viaje casi que surreal, una cordialidad que no había visto antes en un transporte público (ni privado), un respeto, una convivencia muy muy agradable, un viaje donde todo el mundo se toma su tiempo, no hay apuros ni estrés, un viaje de lo más placentero. Claro solo que el tiempo no jugaba a mi favor, una hora y media de bajada más una hora y media de subida, haciendo un cálculo rápido nos dan tres horas diarias de viaje, esto por 5 días a la semana y el resultado puede ser principios de locura. Simplemente no era la opción…. bueno una vez más adaptarse o morir. Consejo de guerra, ver todas las opciones que tenemos y el resultado fue que yo bajaría los lunes en la mañana a El Bolsón y subiría el Jueves noche al Mallín. La Doménica se quedaría en la granja toda la semana. Créanme era la solución menos mala.

La vida en El Bolsón transcurrió sin mayores novedades, conseguí un buen hostel donde quedarme, les recomiendo si vienen por estas tierras el Hostel Unelen. Es un sitio muy tranquilo, uno se siente como en casa y tienen un buen Internet ;). Pero el tiempo, la distancia, la rutina y la soledad nos son buenas aliadas en un pueblito tan pequeño como El Bolsón.

Feria Artesanal El Bolsón
Feria Artesanal El Bolsón

Poco a poco uno va creando su rutina, Lunes desayunar temprano con la Doménica, la Clara, Leander, Laila y Milosch. Después caminar dos kilómetros hasta tomar el bus, bajar a El Bolsón, llegar al hostel, registrarme, instalarme y a trabajar. Los lunes fueron mis día de golosina, esto consistía en salir a comer cualquier golosina (entiéndase carne) a la hora del almuerzo, en la tarde terminar el trabajo del día y entrada la noche salir al supermercado a comprar la comida para la semana. Los siguientes días transcurrían entre el trabajo, cocinar, volver al trabajo, salir a caminar, regresar al Hostel, leer un poco y dormir. Llegada la tarde del jueves, arreglar mis cosas, tomar el bus que me llevaría hasta el Mallín. Ya ahí todo cambiaba, siempre se agradecía poder cenar en compañía de Doménica, la Clara y el Milosch. El viernes ayudar en los trabajos de la granja, adelantar un poco de trabajo en la noche. El sábado y domingo salir a pasear con la Doménica y disfrutar del tiempo con los Krämer. Buenos momentos.

Día de siembra de papas
Día de siembra de papas

Así llegamos a estar tres semanas a ese ritmo entre el Maillín y El Bolsón, compartiendo lo más que se pudo con los Krämer, aprendiendo mucho de su forma de vivir. Pero las circunstancias también nos enseñaron que no queremos una vida a la distancia, que es por esa misma razón por la que iniciamos este viaje, por pasar mas tiempo juntos, así que era momento de movernos a otro lugar.

La familia Krämer
La familia Krämer

Un experiencia más, una historia más que compartir, un lindo recuerdo eso es El Bolson. Mucho aprendizaje, lindos momentos, auto sustentabilidad, comunidad, mucho trabajo. linda experiencia y grandes amigos eso es el Mallín…. Y un domingo entre conversaciones, abrazos, promesas de volvernos a ver, jugo de manzana, ensaladas y jabalí, nos despedimos de los Krämer…. El lunes en la mañana nos despedimos de “a lo de Milosch” 🙂

Adiós y gracias por las medias 😉

JOse

 

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