13
feb
15

el martín, la paz, la kunti… y la mingalegre

el Martín, la Paz y la Kunti

el Martín, la Paz y la Kunti

Coyhaique, una ciudad pequeña en el norte de la Patagonia Chilena, está ubicada en un valle profundo donde confluyen dos ríos.  En su lado sureste está protegido por el Mackay, un cerro con una imponente pared de columnas de basalto de unos 80 metros de altura.  Justo en el límite de la ciudad, a los pies del Mackay, en una meseta alta, viven el Martín, la Paz y la Kunti.

El Martín creció en Coyhaique.  Sus padres se movieron a la zona llamados por las montañas y la mágica naturaleza de la Patagonia Chilena.  Después de salir del colegio, el Martín se fue para el centro de Chile a estudiar cine en la universidad.  Ahí le conoció a la Paz.  La Paz, por su parte, nació en Santiago y estudiaba sicología cuando se encontró con el Martín.  Abrumados por el ritmo de la universidad decidieron ir a vivir juntos en Coyhaique.  Ahí le tuvieron a la Kunti, que, cuando nosotros le conocimos, tenía un año y medio y estaba aprendiendo a hablar.

El Martín, la Paz y la Kunti viven en  una pequeña casita redonda hecha de barro y de muchos materiales reutilizados.  Tienen hermosos diseños hechos con botellas de vidrio, algunas ventanas encontradas y muchas paredes de pallets rellenos de botellas plásticas rellenas, a su vez, de un montón de plásticos comprimidos.

Su casa es un fiel reflejo de lo que esta pequeña familia predica.  El Martín y la Paz forman parte de la Mingalegre, un colectivo de cinco jóvenes que tienen como objetivo formar un centro de permacultura.  Una de las cosas que más les mueve es reducir la cantidad de basura que generan, disminuyendo lo que consumen y dando otros usos a lo que de otra manera iría a parar en el basurero.

El manejo de la basura, en su espacio es una actividad cotidiana como cualquier otra.  Los restos orgánicos van al compost o a las gallinas.  El papel y el cartón se utiliza para prender las estufas que se usan para cocinar, calentar la casa y el agua.  Las botellas de vidrio se utilizan para hacer vitrales en las paredes o para poner en los bordes de las camas de la huerta.  Las latas de metal se las incluye en las paredes rodeándolas con barro.  Y las mayoría de los plásticos se los utiliza para hacer eco-ladrillos, que son botellas de plástico lavadas y secas rellenas de plásticos comprimidos.  Aunque yo no me atrevería a llamarlas “eco”, me sorprendió la cantidad de plástico que puede entrar en una botella, reduciendo notablemente el espacio que necesita ocupar durante su existencia…¡qué es un tiempo considerablemente largo!  Después, estas botellas pueden ser utilizadas para construir lo que se necesite.  Se las puede meter dentro de pallets para hacer paredes o hacer una estructura como de bahareque (con caña o tiras de madera atravesadas) y utilizarlas de relleno.  También he visto estructuras como bancas, utilizando estas botellas como ladrillos y juntándolas con cemento o barro.  ¡Los usos que se las puede dar son casi infinitos!  Lo que me encanta es que haciendo algo tan simple uno puede volverse un poco más responsable de la basura que genera, que es un trabajo que ahora lo delegamos, en la mayoría de los casos a los municipios.  Y que, no porque cada semana se lleven la basura de nuestra casa, deja de ser un problema.

Botellas rellenas, dentro de un pallet.  Después serán enlucidos para terminar la pared.

Botellas rellenas, dentro de un pallet. Después serán enlucidos para terminar la pared.

Estas botellas,  me parecen que son una alternativa fácil y simple que la podemos aplicar en el día a día.  Solo hay unos pocos detalles a tener en cuenta.  Lo primero es que las botellas que se van a rellenar estén secas y limpias.  Las de pico un poco más ancho son más cómodas para trabajar, pero en realidad todas funcionan.  Los plásticos que se meten dentro de la botella deben estar limpios y secos también.  La idea, en general, es que no entre humedad ni restos orgánicos que puedan atraer hongos y empezar a descomponerse.  Después con un palito firme pero delgado se va comprimiendo todo lo que se mete tratando de que queden la menor cantidad de espacios vacíos.  Una vez llenas se las almacena en algún lugar hasta tener suficientes para hacer algo que se necesite.

Otra cosa que me llamó la atención durante nuestra estadía fue la manera en que los integrantes de la Mingalegre trabajan en colectivo. El Martín, la Paz y la Kunti viven en un terreno que compraron los padres del Martín cuando él y su hermano eran pequeños.  Ahora, los padres del Martín ya no viven juntos, pero tienen cada uno su casa en el mismo terreno y son vecinos cercanos.  Los otros integrantes de la Mingalegre tiene un terreno colindante y aunque todavía no viven ahí tienen una aula para dar talleres y una pequeña huerta comunal.  La idea del colectivo es que cada grupo familiar sea “independiente” pero juntos hacen algunos proyectos como coordinar visitas y talleres con las escuelas de la zona, organizar talleres relacionados a la permacultura y hacer proyectos artísticos que les ayuden a difundir sus ideales.

el terreno de la Mingalegre

el terreno de la Mingalegre

Los integrantes de la Mingalegre se reúnen una vez a la semana para conversar sobre los proyectos pendientes, tomar decisiones y distribuirse las tareas.  Los sábados, normalmente se reúnen medio día para hacer algún trabajo en la zona comunal.  Aunque oficialmente los padres del Martín no son parte de la Mingalegre, sus opiniones y puntos de vista son buscados y tomados en cuenta.  Y en realidad, cumplen un papel fundamental como guías y consejeros.

Estuvimos con el Martín, la Paz y la Kunti cerca de un mes.  Al final de nuestra estadía, como nos suele pasar por estas tierras, teníamos la sensación de tener tres “colegas” más con quien compartir nuestros ideales.  Nosotros seguimos nuestro viaje para el norte pero cuando pienso en ellos me acuerdo que compartimos tiempo y experiencias con gente que practica lo que predica y eso… ¡me encanta!

Doménica

**Si quieres conocer más sobre la Mingalegre y su trabajo visita su http://www.mingalegre.org **

21
ene
15

aysén….

Patagonia sin Represas

Años atrás me llegaron correos y mensajes a través de Internet para apoyar el proyecto Patagonia Sin Represas. La verdad es que en ese tiempo pensé:

“Una noble iniciativa más promocionada en Internet. ¿Qué sería de este mundo si todas estas propuestas llegaran a buen puerto?”.

Por el gran cariño que le tengo a la Patagonia completé el formulario respectivo y apoyé esta “noble iniciativa”. Meses después leí algunos artículos sobre este tema, la gente de la décima región de Chile crea la iniciativa Patagonia Sin Represas como medio para protestar en contra de la ejecución del proyecto HidroAysen, proyecto que pretendía la construcción de algunos proyectos hidroeléctricos en esta zona tan remota…. el tiempo pasó.

No teníamos muy claro que camino íbamos a tomar después de dejar El Bolson. Una de las opciones que teníamos era volver al sur, a Chile, a Coyhaique, al proyecto Mingalegre.  Está claro que nuestro destino final es Ecuador, que Ecuador está al Norte y en ese momento tomar rumbo Sur iba en contra de toda lógica. La escasa información que teníamos de la zona y la compleja logística que representa llegar hasta Coyhaique nos hizo dudar y generó algunos roces, nada de que preocuparse, gajes de las relaciones ;) …. Hay veces que ser tozudo es bueno, algo me decía que teníamos que llegar a Coyhaique y con todas las dudas y miedos que tenía sobre este destino, le insistí a Domenica que nuestra próxima estación sería la décima región de Chile, y nos fuimos…. Créanme, valió la pena…. :)

Después de un largo y complicado viaje llegamos a la Mingalegre. Ahí conocimos a la Paz, a la Kunti y al Martín, estos coleguitas nos recibieron en su proyecto. La Mingalegre, es un colectivo, que busca crear una comunidad basada en los principios de la permacultura. Trabajan mucho con bioconstrucción, siembra orgánica, reciclaje y se proyectan para trabajar con turismo, productos cosméticos orgánicos, hornos de barro, etc. Difunden su experiencia a través de talleres, cursos y programas de voluntariado.

En muchas de las conversaciones de sobremesa que tuvimos con estos panas de Coyhaique ya salió el tema de las represas, de HidroAysen, de la iniciativa Patagonia Sin Represas y de la posición firme de los pobladores de no permitir la construcción de mega proyectos hidroeléctricos en esta zona.
Durante nuestra estadía tuvimos la oportunidad de recorrer algunos lugares de Aysén. El primero en la lista fue nuestro vecino el cerro Mackay, una caminata de unas 5 horas que sale desde Coyhaique y pasa por un bosque encantado hasta la cumbre de este cerro, donde se tiene una vista completa de la ciudad. Desde aquí ya se puede ver una pequeña parte de la gran biodiversidad de este lugar.

Bosque del Mackay

Bosque del Mackay

El Martín nos contó un poco sobre las movilizaciones que se dieron en Coyhaique y en diferentes poblados, en contra de las represas. Movilizaciones que convocaron a más de 3000 personas, número muy importante tomando en cuenta el total de la población de Aysén.
Más al sur de Coyhaique visitamos sitios como Cerro Castillo, un parque nacional con un gran potencial para la escalada, me atrevo a decir que es comparable con Torres del Paine pero mucho menos publicitado y explotado, gracias a esto guarda un ambiente totalmente salvaje con picos de granito vírgenes, ríos de aguas cristalinas, bosques nativos muy viejos con arboles gigaaantes. Toda una experiencia.
Fuimos a Puerto Río Tranquilo, un pueblito que hace honor a su nombre y está ubicado en las orillas del lago General Carrera, desde aquí salen los tours a la Catedral y Capilla de Mármol, una formación de carbonato de calcio que sobresale en medio de lago. No somos muy apegados a tours programados, pero éste es uno que vale la pena hacerlo. Se puede ver la fuerza del agua y cómo con el tiempo a ido erosionando estos gigantescos bloques de mármol.

Parque Nacional Cerro Castillo

Parque Nacional Cerro Castillo

La población de Aysén a pesar del tiempo y de las aguas sigue siendo muy activa y tiene claro su sentir en cuanto a la conservación de su región. Los afiches y las camisetas de Patagonia Sin Represas se siguen viendo por todas partes. Vimos en la ruta algunas gigantografías, de esas que se usan para publicidad empresarial, apoyando la iniciativa de dejar la Patagonia libre de represas. Se siente que la gente está orgullosa de lo que ha conseguido y se mantiene vigilante.
Cuando terminamos nuestro voluntariado en la Mingalegre y nos despedimos de la Kunti, la Paz y el Martín, nos fuimos rumbo a Puerto Mont, avanzando por la parte Norte de la Carretera Austral. Recorrimos fiordos y canales, visitamos parques nacionales y reservas, nos movilizamos jalando dedo y en buses, conocimos mucha gente durante los seis días de recorrido y cerca de 1000Km que nos llevo desde Puerto Chacabuco hasta la ciudad de Puerto Mont que ya pertenece a la novena región. Puerto Chacabuco, Puerto Gaviota, Puerto Cisnes, El Queulat, El Ventisquero Colgante, Puyuhuiapi, Lago Risopatron, La Junta, Barros Arana, Chaiten son algunos de los nombres que se me vienen a la cabeza cuando hago un recuento de este viaje. Sería un sueño recorrer la Carretera Austral en bicicleta, es un sueño pendiente, por lo tanto es un plan pendiente…. por el momento ;)

Puerto Gaviota

Puerto Gaviota

Se siente en su entorno, se siente en sus paisajes, se siente en su gente. Aysén no está dispuesta a dejar que vengan a explotar sus tierras de mala manera, saben de la riqueza natural que les rodea. Quizás el mayor testimonio de todo esto es el documental Aysén Decide, que cuenta la cabalgata de 9 días que se hizo a favor de esta iniciativa desde Cochrane hasta Coyhaique. 9 días donde mas de 100 personas a caballo fueron socializando la propuesta e informando a todos los pobladores sobre los problemas y prejuicios que traerían proyectos como HidroAysen.

Río Ventisquero

Río Ventisquero

Aysén es la Patagonia mas salvaje que he conocido hasta ahora, está llena de glaciares, llena de ríos, llena de bosques, llena de montañas, todo esto cerca del mar…. osea es un coctel de naturaleza muy difícil de asimilar. Ahí me di cuenta que Patagonia Sin Represas no era una “noble iniciativa más como había pensando años atrás. Patagonia Sin Represas ES UNA REALIDAD. A esta iniciativa no se la vendió como un proyecto vanguardista para quedar bien ante el mundo o para traer falsas esperanzas a la gente. La iniciativa Patagonia Sin Represas se presenta como un proyecto firme y concreto. La comunidad está convencida que Aysén no necesita represas, que tiene otras prioridades. Pero sabe también del enriquecedor y tranquilo estilo de vida que llevan, de ahí la frase “El que se apura en la Patagonia, pierde el tiempo”. Ellos tienen lo que necesitan para vivir y quieren vivir con eso.

Como escribí al inicio de esta entrada, valió la pena el viaje. Que lindo fue poder conocer este rincón de nuestra Sudamérica, que enriquecedor haber visto tantos paisajes y lugares hermosos, pero lo mejor de todo haber conocido y compartido con esta gente de lucha, con esta gente de cambio, con la gente de Aysén.

JOse

29
dic
14

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.600 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 43 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

11
dic
14

La Clara y el Milosch….

Laila, Clara, Milosch y Leander

Laila, Clara, Milosch y Leander

La Clara y el Milosch nos recogieron de la estación de buses en el Bolsón.  A pesar de no conocernos, nos reconocimos enseguida.  Ellos estaban con sus dos hijos: Leander, de cuatro años y Laila, de uno recién cumplido; y nosotros, con dos grandes mochilas con todos nuestros tereques.  Cargamos nuestro equipaje en el auto y continuamos nuestro viaje por media hora más para llegar a su granja en Mallín Ahogado, un valle alto a 25 km. de El Bolsón aproximadamente.  En el viaje empezamos a descubrir la realidad de esta pareja joven con quien pasaríamos las siguientes tres semanas.

El Milosch, de 32 años, había llegado a la Argentina cuando tenía nueve meses.  Sus padres, Francisco y María Krämer, alemanes, habían llegado en busca de un lugar donde construir una granja en comunidad.  La comunidad, como la pensaron en un principio, nunca se concretó, pero la graja sí se hizo realidad.  Milosch, por lo tanto, se crió en este escenario: con sus padres, en un país extranjero, descubriendo como vivir su sueño de ser autosustentables.  Las condiciones, como nos contaron María y Francisco después, no eran tan fáciles.  El día a día se lo vivía sin muchos de los tan conocidos “servicios básicos”.  Sin embargo, cuando Milosch nos contaba de sus aventuras de la infancia siembre se dibujaba una sonrisa de libertad en su rostro.  Parece que los servicios que faltaban no eran tan básicos como se los considera comúnmente.  A los quince años, tuvo la oportunidad de ayudar a su abuelo carpintero a construir un espacio para recibir turistas en la finca.  La construcción con madera lo cautivó.  Al terminar el colegio, profundizó sus conocimientos en Alemania y después de algunos años, regresó a la granja a construir su vida en un espacio de terreno que había comprado al lado de la granja de sus padres.

Clara, en cambio, llegó a Mallín por su abuela.  Ella había visitado la granja de los Krämer algunos años antes y sabía que Clara disfrutaría mucho del lugar.  El plan de Clara era visitar Argentina solo por unas semanas y luego viajar hasta Ecuador por algunos meses.  La realidad fue que se quedó en Mallín por algunos meses y viajó por Latinoamérica por dos semanas para tomar su vuelo de regreso.  Algo y alguien en Mallín la habían enamorado.

Decidió volver para quedarse. Cuando la conocimos tenía 25 años, y era una madre hecha y derecha.  Me llenó de alegría compartir tiempo con una madre a la que, a pesar de su corta edad, se la sentía plena y completa.  Una mujer que no estaba dividida y para la cual su realización máxima en ese momento era nutrir y sostener su hogar, sin apuros, como la gran Madre Tierra.

Durante nuestra estadía me sentí cálidamente abrazada por su paz, por sus preparados sanadores y por los manjares que salían de la cocina.  Pude maravillarme de la seguridad al criar a sus hijos y admirar una vez más lo fascinante que es ver crecer a niños que son tratados con respeto.  Leander y Laila eran dos personitas autónomas en lo que estaba a su alcance, auténticas y llenas de confianza en sí mismas.  No se veían forzados a hacer cosas a las que no estaban preparados y sin embargo, las reglas y los límites estaban muy claros.

La Clara, el Milosch, la Laila y el Leander vivían en una cabañita en un claro de bosque.  En su terreno habían dejado algunos árboles nativos, habían sembrado algunos frutales y tenían una huerta par el autoconsumo.  Todo esto rodeado de una malla para que no entren las liebres y los jabalíes a hacer de las suyas y de una buena franja de bosque nativo.  La tierra de su terreno, tratada con cariño, todavía conservaba el color, el olor y la textura de la mágica tierra de bosque.

El terreno del Milosch y la Clara lindaba con el de Francisco y María.  Lo mismo pasaba con los terrenos de los otros dos hermanos que vivían en Mallín.  Entre todos, a la final, habían formado la comunidad que los padres de esta familia soñaron.  Me gustó mucho la manera en que los Krämer funcionaban en conjunto.  Cada familia tenía un espacio donde desarrollarse, vivir a su ritmo y hacer las cosas a su manera.  A la vez, realizaban en conjunto labores que normalmente son demasiado pesadas para hacerlas individualmente.  Y si cualquier miembro de la familia necesitaba una ayuda en su espacio, se organizaban para, entre todos, hacer el trabajo más liviano.

Uno de los trabajos que compartían era el cuidado de dos vacas que pastaban en el terreno de María y Francisco.  Los tres hermanos se turnaban para ordeñarlas.  Cada uno ordeñaba a mano dos días de la semana y el domingo iban rotando.  María, con ayuda de sus nueras, transformaba la leche en queso, ricotta, yogurt y crema que eran muy bien disfrutados por todos los miembros de la familia.

Las mujeres de la granja también se reunían casi todas las semanas a hacer pan con cereales que tranzaban anualmente con un vecino por papas.  La tarea empezaba con limpiar el centeno y molerlo junto con un poco de trigo.  Una vez listas las harinas se las mezclaba con la masa madre, llena de levaduras silvestres, linaza, sal, suero, y un poco de levadura comercial.  Después de mezclar bien todo en una gran tina de hojalata se la dejaba leudar cerca de la cocina de leña por unas cinco horas.  En la tarde, se prendía el horno ruso para calentarlo.  Se ponía la masa en moldes y se horneaba unas diecisiete palanquetas que luego nutrían a todo el batallón.

La alimentación de los Krämer era basada en lo que crecía en su tierra.  Talvez un 95% de lo que comían venía de su granja o de vecinos con quien habían intercambiado productos que tenían de sobra.  Sin embargo, Francisco y María habían comprendido que vivir únicamente de la tierra, aunque era posible, era muy sacrificado.  Por ello habían decidido que bien valía combinar la producción de alimentos para el autoconsumo con alguna otra actividad que, dejándoles suficiente tiempo para descansar y disfrutar, les represente un ingreso económico extra.  A lo largo de su vida, Francisco y  María habían vendido leña, recibido turistas, y ahora, planeaban construir un aserradero.  Los tres hijos que conocimos habían decidido seguir el mismo camino, aprendiendo oficios que combinaban con los trabajos de la finca según su necesidad.

Las tres semanas que habíamos previsto para quedarnos llegaron rapidito.  Sin embargo, fueron suficientes para reforzar mi convicción de que es posible vivir con los ritmos de la tierra, procesar artesanalmente sus frutos y comer de ella casi en su totalidad.  Me convencí una vez más de que crear “fábricas” de alimento para mucha gente no es la manera de alimentar al planeta.  Nutrí mi sueño de que cada vez más gente combine sus actividades y oficios con la producción de su propia comida.  Sin embargo, la experiencia de los Krämer me enseñó algo más.  Comprendí que ser 100% autosustentable es posible, pero que el trabajo en la tierra es mucho más disfrutable si se lo combina con cualquier otra actividad que sea compatible.  Una muy buena lección en estos tiempos en que la autosustentabilidad ha vuelto a llenar nuestros sueños y esperanzas.

Domenica

25
nov
14

El Bolson….

Desde Natales nos contactamos con la familia Krämer y 1700 kilómetros después…. llegamos al El Bolsón. (largo viaje)

La María y Francisco Krämer son los padres del esposo de la hija del primo de un amigo de la Doménica. Así de complejas son las redes de amistades que se van formando en la vida, ojo que Facebook no participó en ninguna de estas conexiones, algo que me emociona y a la vez me asusta…. bueno este un tema para hablarlo en otro momento, continuemos con la historia.

Granja Krämer

Granja Krämer

La familia Krámer llegó a la Patagonia Argentina hace más de 30 años y como lo demuestran los hechos se establecieron ahí, en ese rincón llamado Mallín Ahogado a 25 km de El Bolsón y es lógico darles la razón, esta zona de la Patagonia fácilmente te puede atrapar y cautivar con su hermosura. Ellos tienen una granja orgánica, donde intentan ser totalmente auto sustentables.  Tienen su huerta, su invernadero, sus gallinas, vacas, caballos y muchas cosas más…. es una pequeña comunidad familiar.

La María y el Francisco tienen 5 hijos. Joschka el mayor, es carpintero, está casado con Carolina, una española que igualmente fue atrapada por el Mallín ;), ellos a su vez son los padres de Sara una pequeña muy sociable de tres años. Milosch el segundo, construye casas, techos y escaleras en madera, está casado con Clara (la hija del primo del amigo de la Doménica), una alemana que vino hacer voluntariado y bueno también se quedó, ellos son padres de Leander y Laila, de cuatro y un año respectivamente. Joshep el tercero de los hijos se dedica a instalaciones de agua y de calefacción. A los dos hijos menores no tuvimos el placer de conocerlos, se encontraban fuera de Argentina.

Los tres hijos que conocimos tienen sus respectivas parcelas, donde van creando sus proyectos personales. Han tenido la suerte de poder comprar parcelas colindantes con la parcela de sus padres.

La Doménica y yo nos quedamos a lo del Milosch y la Clara :). Ellos nos recibieron en un cuartito para huéspedes que tienen cerca de su casa. Desde un principio nos dijeron que el Internet no iba muy bien en su granja, pero que se podía bajar al pueblo en la mañana y subir en la tarde en el único bus que pasa por la zona del Mallín. Bueno, qué tan largo puede ser un viaje de 25 km en bus? me dije yo. No contaba con la dinámica del bus, una dinámica de lo más interesante, paradas en cada entrada a las parcelas que dan al camino, todos los ocupantes del servicio saludan muy cordialmente con el chofer del bus y pagan su pasaje, el chofer muy cortés contesta por el nombre el saludo y pregunta sobre diferentes tópicos con cada uno de los pasajeros mientras prepara el cambio, y claro ellos vuelven a comentar sobre el tópico en cuestión, reciben el cambio y pasan a sentarse no sin antes saludar con el resto de ocupantes . Si a todo esto le agregamos que el camino es de tierra y claro no permite ir muy rápido a un vehículo tan largo. Todo esto nos da como resultado un viaje fascinante en un bus muy particular, para ser sincero me encantó toda la dinámica del bus, casi que la misma gente que baja a El Bolsón en la mañana, sube en la tarde al Mallín. Es un viaje casi que surreal, una cordialidad que no había visto antes en un transporte público (ni privado), un respeto, una convivencia muy muy agradable, un viaje donde todo el mundo se toma su tiempo, no hay apuros ni estrés, un viaje de lo más placentero. Claro solo que el tiempo no jugaba a mi favor, una hora y media de bajada más una hora y media de subida, haciendo un cálculo rápido nos dan tres horas diarias de viaje, esto por 5 días a la semana y el resultado puede ser principios de locura. Simplemente no era la opción…. bueno una vez más adaptarse o morir. Consejo de guerra, ver todas las opciones que tenemos y el resultado fue que yo bajaría los lunes en la mañana a El Bolsón y subiría el Jueves noche al Mallín. La Doménica se quedaría en la granja toda la semana. Créanme era la solución menos mala.

La vida en El Bolsón transcurrió sin mayores novedades, conseguí un buen hostel donde quedarme, les recomiendo si vienen por estas tierras el Hostel Unelen. Es un sitio muy tranquilo, uno se siente como en casa y tienen un buen Internet ;). Pero el tiempo, la distancia, la rutina y la soledad nos son buenas aliadas en un pueblito tan pequeño como El Bolsón.

Feria Artesanal El Bolsón

Feria Artesanal El Bolsón

Poco a poco uno va creando su rutina, Lunes desayunar temprano con la Doménica, la Clara, Leander, Laila y Milosch. Después caminar dos kilómetros hasta tomar el bus, bajar a El Bolsón, llegar al hostel, registrarme, instalarme y a trabajar. Los lunes fueron mis día de golosina, esto consistía en salir a comer cualquier golosina (entiéndase carne) a la hora del almuerzo, en la tarde terminar el trabajo del día y entrada la noche salir al supermercado a comprar la comida para la semana. Los siguientes días transcurrían entre el trabajo, cocinar, volver al trabajo, salir a caminar, regresar al Hostel, leer un poco y dormir. Llegada la tarde del jueves, arreglar mis cosas, tomar el bus que me llevaría hasta el Mallín. Ya ahí todo cambiaba, siempre se agradecía poder cenar en compañía de Doménica, la Clara y el Milosch. El viernes ayudar en los trabajos de la granja, adelantar un poco de trabajo en la noche. El sábado y domingo salir a pasear con la Doménica y disfrutar del tiempo con los Krämer. Buenos momentos.

Día de siembra de papas

Día de siembra de papas

Así llegamos a estar tres semanas a ese ritmo entre el Maillín y El Bolsón, compartiendo lo más que se pudo con los Krämer, aprendiendo mucho de su forma de vivir. Pero las circunstancias también nos enseñaron que no queremos una vida a la distancia, que es por esa misma razón por la que iniciamos este viaje, por pasar mas tiempo juntos, así que era momento de movernos a otro lugar.

La familia Krämer

La familia Krämer

Un experiencia más, una historia más que compartir, un lindo recuerdo eso es El Bolson. Mucho aprendizaje, lindos momentos, auto sustentabilidad, comunidad, mucho trabajo. linda experiencia y grandes amigos eso es el Mallín…. Y un domingo entre conversaciones, abrazos, promesas de volvernos a ver, jugo de manzana, ensaladas y jabalí, nos despedimos de los Krämer…. El lunes en la mañana nos despedimos de “a lo de Milosch” :)

Adiós y gracias por las medias ;)

JOse

 

10
nov
14

el don alberto….

donalbert01 Conocí al Don Alberto un día que caminaba al borde de la Ruta del Fin del Mundo.  El motivo de mi caminar era encontrar alguien a quien ayudar con labores del campo mientras nos quedábamos en Puerto Natales.  Al pasar al lado de su parcela, vi a este hombrecito, no muy alto de estatura, agachado, con su herramienta en mano, junto a una carretilla llena de hierbas silvestres que sacaba de su terreno.  Al pasar, su perro, que después supe que se llamaba Copito, salió a defender celosamente su territorio.  Don Alberto, se levantó para llamarlo y el momento en que cruzamos las miradas supe que me encantaría pasar tiempo con él.  Se acercó a saludar.  Su mano, llena de tierra, delataba años de trabajo.  Sus ojos, vivos y sinceros eran fáciles de leer.  Le pregunté si podía ayudarlo a trabajar en la tierra por unos días. Sus ojos marcaron un signo de interrogación, algo que me gustó fue que se tomó su tiempo para responder. La conclusión de la reflexión fue positiva.  Quedamos en que yo iría desde el día siguiente a ayudarle en su huerta. Su terreno, en el que cada año venían a anidar decenas de bandurrias consistía en parcelas relativamente pequeñas, separadas por altos cercos que servían como barreras para el fuerte viento patagónico.  Alrededor de cada parcela y regadas sin seguir ningún tipo de orden lógico habían un sinnúmero de plantitas aromáticas: perejil, menta, ajenjo, manzanilla, ruda, y muchas más.  De la misma manera, casi todas las parcelas tenían algún tipo de cebolla o ajo en algún lugar.  Tenía dos invernaderos pequeños donde podía protegerse de cierta manera de las inclemencias del clima y alargar un poco la corta estación productiva austral.  Los invernaderos también estaban perfumados por diferentes aromáticas que coquetamente despedían sus encantos a los visitantes.  A pesar de recién haber empezado la primavera, en los invernaderos crecían ya frondosas lechugas, acelgas, cilantro y remolachas.  Todas podadas antes del inverno para que retoñen apenas empiece a subir la temperatura. donalbert02 Los primero días nos dedicamos a sacar las hierbas silvestres del terreno y en esas largas horas me fui enterando que Don Alberto era originalmente de la isla de Chiloé.  Vino al sur de Chile en barco con su esposa y sus cuatro hijos pequeños.  Tuvo muchos trabajos a lo largo de su vida pero con su esposa nunca dejaron de tener un huerto y algunos animalitos como principal fuente de alimentación.   Alrededor del 2002, compraron la parcela en los pies del cerro Dorotea.  Ésta servía para alimentar la familia pero también para la venta.  Ocho años después, su esposa falleció dejando un hueco grande en la familia pero a la vez un gran legado que lo pude sentir en Don Alberto y sus hijos. Los últimos días de mi estadía nos dedicamos a la siembra.  El Don Alberto utiliza la luna para ciertos trabajos.  Para escoger la semilla de papa, cultivar las remolachas, las zanahorias y la cebolla, espera a la caída, o luna menguante.  En cambio, los trabajos con el ajo los hace en la creciente.  En el terreno que habíamos limpiado, hicimos melgas, o surcos y sembramos habas y papas.  La esposa del Don Alberto siembre le decía que hagan los surcos a través de la pendiente para que el agua se quede en el terreno.  Las melgas de las habas las hicimos como a un pie y medio de separación y como a diez centímetros de profundidad.  Regamos las habas bastante seguidas y luego las tapamos.  Me contó que a las habas la aporca cuando ya están más creciditas porque el viento del verano las rompe si no lo hace.  Para las papas en cambio, hicimos melgas con unos dos y medio pies de separación y una cuarta de profundidad.  Después pusimos las papas que el Don Alberto había escogido y roto los brotes en la luna menguante anterior y las pusimos en parejas con los ojos hacia arriba.  Eso hace que las papas crezcan todas igualitas, según me contó.  Después dentro del surco regamos abono de oveja y un poco de salitre.  Finalmente, tapamos con tierra dejando un poco al lado para el aporque. Después de dos semanas, llego el día de mi despedida.  Al mirar para atrás, me doy cuenta que hemos compartido mucho más que el trabajo en la tierra.  Me he nutrido de sus años de experiencia, de su caminar pausado y de su cariño por la tierra.  Me despedí con el corazón lleno, sintiéndome en deuda con la Vida una vez más. Domenica Datos de contacto:

28
oct
14

La Paula y La Martina….

La Paula…. Con la Paula nos conocimos hace mas o menos unos seis años atrás, es de esas amistades que las mantiene el tiempo. Esta chilena de impactantes ojos verdes es una Natalina de cepa, nacida en Natales. Recalco esto porque como ella mismo nos contó, muy poca gente nace en Natales, la mayoría de partos se los hace en Punta Arenas.

Bueno como les comenté en la entrada anterior, La Paula nos acogió en su casita por un par de semanas. Linda experiencia compartir con ella un poco de su vida, un poco de su día a día. Pienso que es la mejor forma de conocer a la gente. La Paula vive en las afueras de Natales, a unos seis kilómetros del centro de la ciudad, en una parcela frente al cerro Dorotea. Un lugar precioso.

Atardecer

Atardecer

La Paula con ayuda de su padre, sus hermanos y amigos construyó su hogar, donde vive desde aproximadamente un año. La Paula tuvo muchas dudas antes de tomar la decisión de pasarse a vivir en su casa. Ella tiene una hija de 9 años, la Martina una guagua muy dulce. Irse a vivir allá las dos solas, es un casa alejada de la ciudad, son parcelas grandes, así que el vecino mas cercano está mínimo a 200 metros de distancia, la luz la tienen con paneles solares, recolectan el agua lluvia para lavar y para los baños, el agua para consumo lo traen de bidones desde Natales, la calefacción es con estufa de leña. A todo esto hay que agregar que el clima en esas latitudes sureñas puede llegar a se muy crudo en invierno.  En fin había mil y un motivos para pensarlo dos o tres veces antes de tomar esta decisión. Pero claro si nos pusiéramos a pensar en todos los peros que hay en la vida, creo que nunca llegaríamos a hacer nada de nada, así que ellas no lo pensamos mas y lo hicieron…. se fueron a vivir en su casita

Interior casa de Paula

Casa de La Paula

Es una casa que tiene todo lo que necesitan la Martina y La Paula, eso es algo digno de admirar en estos tiempos donde todo el mundo quiere tener cada día mas y no se conforma con tener “solo” lo que necesita para ser feliz y vivir tranquilo. Es una casa con su sala-comedor-cocina, dos cuartos, un baño y un container como bodega, listo pare de contar…. Y donde entramos nosotros, esas dos semanas???? pues bueno la Martina nos prestó su cuarto y claro la Martina durmió con su mamá el tiempo que pasamos con ellas.

Casa de Paula

Casa de la Paula

Es bueno mencionar también que la Martina y La Paula no viven solas, estas dos mujeres tienen un cariño inmenso por los animales, aman a sus mascotas que son tres perros, dos gatos, seis gallinas, dos patos y un hamster. Bueno el hamster vive con el abuelo de la Martina en Natales, pero también cuenta. La Paula tiene una peluquería de perros en Puerto Natales, ese es su trabajo, además es miembro activo de la protectora de animales de Puerto Nalates. Su compromiso con los animales es admirable, el tiempo que pasamos con ellas vimos como se hizo cargo de unos cachorritos de perro abandonados, de pocos días de nacidos.

La Martina, La Paula, La Domenica y El JOse

La Martina, La Paula, La Domenica y El JOse

Volviendo al tema de su hogar, que es entre muchos, uno de los mejor recuerdos que me llevo de ese tiempo. Disfrutamos mucho la estadía, disfrutamos de que la casa sea alejada de la ciudad, de que sea una parcela grande, de que los vecinos estén lejos, pero al mismo tiempo sean mas cercanos que cualquier vecino en un barrio de ciudad, de que tenga luz con paneles solares, no fue un problema el no tener agua corriente, poder aprovechar el agua lluvia, dar un buen uso al agua bebible de los bidones, que tenga un calefón de leña es un lujo, disfruté el poder vivir todo eso, disfruté el cambiar un poco mi chip de como deberían ser las cosas, a como pueden ser las cosas…. en fin disfrutamos de todos los supuestos peros que tenía la casa, porque al final me di cuenta que todos esos supuestos peros me los había creado yo en mi cabeza cuando la Paula me contaba la historia de su cambio de casa…. La Paula siempre lo tuvo claro, sabía a donde quería ir y lo hizo…. Solo hay que cambiar un poco nuestra forma de ver la vida y ya está.

Gracias Martina, Gracias Paula por el tiempo y el espacio :D

JOse

 

 




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